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varicela

sustantivo femenino
Medicina (finales del siglo 18) Enfermedad viral, aguda y contagiosa, propia de la infancia, que se caracteriza por una erupción de máculas y pápulas, parecidas a las de la viruela benigna, pero que se convierten en vesículas que supuran moderadamente y desaparecen en unos diez días. Es causada por el mismo virus que causa el herpes zóster.

Sinónimos: viruela loca; España payuelas.

Inglés: chicken pox; rara vez, varicella.

Etimología

Del latín moderno varicella, «pequeña viruela», «viruela menor»; falso diminutivo del latín variŏla, «pústula», «viruela»; quizás de varus, «grano (de la cara)», «barro (de la cara)», o de varius, «variegado», «diverso».

Fuentes

Larousse (2004). Gran diccionario Larousse de la lengua española: varicela.

Merriam-Webster. Dictionary of the English Language: varicella, chicken pox.

Real Academia Española de la Lengua. Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, 22ª edición: varicela.

La varicela

La varicela es una enfermedad viral aguda, eruptiva, propia de la infancia y extremadamente contagiosa.

Es una enfermedad viral porque es producida por un virus, el virus de la varicela-zóster. Este virus es un tipo de herpesvirus y es el mismo que causa el herpes zóster.

Es una enfermedad aguda porque es intensa y de corta duración.

Es una enfermedad eruptiva porque se caracteriza por producir una erupción de pápulas, parecidas a las de la viruela benigna, pero que se convierten en vesículas que supuran moderadamente y desaparecen en unos diez días.

Es una enfermedad propia de la infancia porque la mayoría de sus víctimas suelen ser niños. Muy rara vez afecta a adultos, aunque cuando lo hace su gravedad es mucho mayor.

En la mayoría de los casos, la enfermedad se desarrolla de manera favorable y al final produce una inmunidad permanente en la persona afectada. Las secuelas negativas son muy raras.

Síntomas

La varicela puede ser sintomática, oligosintomática y asintomática.

La varicela sintomática se caracteriza por una erupción de vesículas o ampollas sobre la piel. Tiene un periodo de incubación de por lo menos dos semanas, durante el cual no hay ningún tipo de síntoma que pueda advertir de la presencia del virus. Unas 24 horas antes de la erupción, sin embargo, se puede producir una fiebre ligera.

Los síntomas empiezan con la aparición de pápulas rojas, en relieve y que causan picazón. Estas pápulas aparecen dispersas en brotes centrífugos repetidos en la espalda o el pecho, pero también pueden empezar en la cara y el cuero cabelludo y diseminarse de forma progresiva por todo el cuerpo. Entre 12 y 24 horas después, estas pápulas maduran y se convierten en vesículas umbilicadas, hinchadas y turgentes, llenas de un líquido claro. Unas 36 horas después, más o menos, el líquido se vuelve opalescente.

Durante el cuarto día, las vesículas se secan y arrugan, dejando unas pequeñas costras que se desprenden y caen generalmente sin dejar cicatrices.

Las vesículas continúan apareciendo en brotes durante los tres primeros días de la manifestación de la enfermedad. Esto significa que al mismo tiempo que un brote finaliza, se inicia otro. Así, al final del periodo eruptivo se pueden ver todos los estadíos del desarrollo de las vesículas, desde su aparición y crecimiento hasta su secado y desprendimiento.

La erupción es más marcada en las áreas de la piel cubiertas por la ropa, aunque también ocurre sobre el rostro y las extremidades, así como en la membrana mucosa de la boca y el paladar. Las lesiones cutáneas son muy pruriginosas; si se rascan, se sobreinfectan y dejan cicatrices en la piel.

Las ampollas de la varicela pican mucho; el herpes zóster duele.

La temperatura del cuerpo rara vez se eleva a más de 39 C.

A veces, puede causar alteraciones constitucionales leves.

La varicela oligosintomática se manifiesta de manera muy leve, con muy poca presencia de ampollas.

Algunas personas desarrollan varicela asintomática. Las personas con varicela asintomática no experimentan ningún síntoma; recién se enteran de que han tenido varicela de niños cuando, de adultos, desarrollan herpes zóster. También hay pruebas de laboratorio que buscan anticuerpos en el suero de la sangre y permiten saber si una persona ha tenido varicela o no.

Contagio

La varicela se contagia por contacto directo con una persona infectada.

Tratamiento

Lo primero que hay que hacer es aislar a la persona afectada y mantenerla en cama.

La dieta debe ser ligera.

Hay que evitar, por todos los medios, que la persona se rasque. El rascado de las vesículas, que pican mucho, podría conducir a su ulceración y a la posterior aparición de cicatrices.

En algunos países se recomienda someter al enfermo a una cuarentena de 7 días tras la erupción.

A veces, a los niños en riesgo de contraer la viruela se les pone inyecciones de globulinas de inmunidad al zóster o ZIG (del inglés zoster immune globulin), que se obtienen de la sangre de adultos que hayan tenido herpes zóster recientemente, con la finalidad de prevenir el desarrollo de la viruela. Los preparados de ZIG contienen anticuerpos para el virus de la varicela-zóster que proveen de protección temporal contra el virus. La administración del ZIG generalmente se reserva para niños con leucemia o desórdenes del sistema inmunitario, para quienes la varicela representa un riesgo significativo.

Existen vacunas contra la varicela. A comienzos de la década de 1970, se desarrolló una en Japón que ha sido ampliamente usada en ese país. En 1995 se desarrolló y aprobó en los Estados Unidos una vacuna preparada a partir de una cepa viva pero debilitada del virus. En el Perú, la vacuna no se pone de manera rutinaria porque es muy cara y no es muy necesaria. Cuando se pone, se suele hacer hasta los 12 o 13 años de edad. Los mayores de 50 o 60 años pueden vacunarse contra el herpes zóster.

El rascado de las vesículas puede dejar cicatrices permanentes. Algunas personas creen que la aplicación de la pulpa de la sábila en la mañana y en la noche ayuda a borrarlas. Aplican sólo un poco y la dejan por un tiempo; luego se lavan con la higiene cotidiana. Este tratamiento no elimina las cicatrices del todo; sólo mejora la apariencia.

La aspirina no se debe administrar a niños que padezcan varicela o gripe, ya que eleva el riesgo de padecer el síndrome de Reye, una enfermedad muy rara y con frecuencia mortal que afecta al cerebro y a algunos órganos abdominales.

Población en riesgo

Generalmente, la varicela ocurre en epidemias. Los afectados suelen ser niños de entre dos y seis años de edad, aunque esta enfermedad puede afectar a personas de cualquier edad.

Los grupos de riesgo son los niños de pocos días de nacidos, los adultos de más de 60 años y las gestantes. El virus puede traerle problemas al feto si infecta a una embarazada en el primer trimestre del embarazo.

La varicela no presenta gravedad en los niños sanos, pero puede ser mortal en inmunodeprimidos como los enfermos de leucemia o los sometidos a tratamiento con corticoides o quimioterapia contra el cáncer.

La enfermedad afecta a casi todos los niños y una vez pasada, se es inmune a ella, con lo que la mayoría de los adultos son inmunes; si no lo son, la enfermedad puede llegar a ser grave.

En Perú se producen brotes a fines del invierno y comienzos de la primavera.

Complicaciones

En casos extremos, un niño con varicela puede morir por encefalitis, neumonitis y neumonía, causados directamente por el virus. También se pueden producir infecciones bacterianas de las ampollas si éstas se rascan muy fuertemente y se infectan. Estas infecciones pueden llevar a la muerte.

Secuelas

Desde un punto de vista médico, la varicela es la reacción clínica a la primera exposición al virus de la varicela-zóster. Después de la recuperación clínica de la persona infectada, si el virus de la varicela-zóster no es destruido totalmente por el sistema inmune en el curso de la enfermedad, éste puede asentarse en las células nerviosas de algunos ganglios nerviosos y reactivarse muchos años después. La causa de la reactivación es desconocida, pero podría estar asociada a situaciones de inmunodepresión, como las que ocurren en quienes padecen sida o cáncer. Una vez reactivado, el virus viaja a lo largo del nervio hacia la piel, donde produce erupciones localizadas de vesículas muy dolorosas. Esta reactivación del virus se conoce como herpes zóster. No todos los que han tenido varicela desarrollan herpes zóster.

Una persona con herpes zóster puede infectar a otra persona y hacer que ésta desarrolle varicela, iniciando así una epidemia de varicela. Lo opuesto, sin embargo, parece que no ocurre, puesto que el herpes zóster generalmente aparece tras un periodo de latencia. No obstante, un niño puede, ocasionalmente, desarrollar el herpes zóster como una respuesta primaria a este virus.

Fuentes

Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. Varicela. © 1993-1999 Microsoft Corporation.

Encyclopedia Britannica (2010). chicken pox.

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